“…el Reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.” (Mateo 13.44)
Nosotros sabemos que todas las personas quieren cambiar de vida, todos quieren entrar en el Reino de Dios, o sea, tener una vida abundante como dice la Palabra de Dios. Muchos son los que quieren conquistar, pero pocos son los que están dispuestos en sacrificar todo para tomar posesión de este Reino.
La Biblia es un tesoro inagotable, pero es necesario poner toda la fuerza, todo el poder y todas las ganas para conquistarlo. No podemos sacrificar a medias y luchar más o menos, es el todo por el todo, ¡Todo o Nada!
El sacrificio es toda la fuerza que tenemos, puesta en el altar. El sacrificio es la manifestación de la fe viva para tomar posesión de las grandes promesas bíblicas. Hay que derramar toda la fuerza para conquistar este tesoro, de lo contrario no se recibe nada. Un ladrón no se esfuerza, él roba, engaña y defrauda, no podemos engañar y defraudar al único que tiene el poder para realizar todos nuestros sueños.
Por esa razón hay gente que trabaja todo el día y estudia a la noche, duerme poco; otros trabajan en dos, tres o más sitios, llegan al punto de abandonar los estudios, porque saben que no hay conquista sin que haya un sacrificio. Cuanto más uno sacrifica, más conquistará, cuanto menos se esfuerce, menos también alcanzará. Este es el espíritu de la Campaña de la Tierra Santa, porque no existe victoria sin sacrificio.

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